lunes, 30 de marzo de 2020

Agresividad infantil


La agresividad infantil se ha definido en términos de la conducta manifiesta del niño que implica destrucción, daño físico a otros, a él mismo, o a propiedades. Entraña agresión física, amenazas verbales de agresión, arrebatos explosivos de destrucción de propiedad y auto-daño en el contexto de frustración o estimulación aversiva.

Un factor de riesgo importante, responsable del desarrollo de la agresividad en los hijos, es el manejo ineficaz de su comportamiento, caracterizado por esfuerzos fallidos, inconsistentes y erráticos para disciplinarlos.

El hecho de que los padres contribuyan de diversas formas a la agresividad de sus hijos ha sugerido la necesidad de diseñar intervenciones, tanto preventivas como terapéuticas, dirigidas a los padres o cuidadores principales mediante la modificación de sus prácticas disciplinarias. Por lo tanto, la prevención y el tratamiento de la agresividad infantil se han beneficiado también de la investigación sobre técnicas conductuales diseñadas para alterar las transacciones padres-hijo en el hogar.

Fajardo-Vargas, V., & Hernández-Guzmán, L. (2008). Tratamiento cognitivo-conductual de la conducta agresiva infantil. Revista mexicana de análisis de la conducta34(2), 371-389.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Instrucción y educación.



Instrucción deriva del latín instructio, que significa “colocación”, “disposición”, “orden”.

Educación proviene también del latín, de educatio, que significa “formación”, “crianza”.

Educar quiere decir ayudar la formación psíquica, la crianza integral del individuo, favoreciendo de todas maneras el desarrollo armónico de las posibilidades virtuales que brindó la herencia, o corrigiendo sus desviaciones.

Instruir quiere decir dar a esas posibilidades psíquicas desarrolladas u orientadas por la educación un instrumento de trabajo, los conocimientos que servirán para la función del diario vivir.

La educación empieza con el primer pañal; la instrucción aproximadamente a los seis años, cuando el niño está psicológicamente maduro para el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Además, en sus objetivos fundamentales y primarios la educación debe quedar completada en la adolescencia; el hombre o la mujer que surjan de esta etapa psíquica deben estar integrados en su calidad de individuos y de seres sociales so pena de graves perturbaciones del carácter o de la conducta.

La instrucción dura toda la vida del individuo por ser la adquisición de nuevos conocimientos. Sus etapas no son rígidas y permiten muchas veces recuperar tiempo perdido por una u otra razón: lo que no se aprendió en un año puede aprenderse en otro sin sensible detrimento, como es el caso de pequeños que repiten un curso.

Merani, A. L. (1958). Nuestros hijos, esos desconocidos.

sábado, 8 de febrero de 2020

DIAGNÓSTICO DE LOS DESÓRDENES DE CONDUCTA



La característica fundamental de los desórdenes de comportamiento en los niños es que son conductas desviadas, que dependen de las normas sociales que privan en determinada cultura y que son paradójicas en el sentido de que persisten en el tiempo, pese a las consecuencias negativas que vive el niño en la relación tanto con sus compañeros como con los adultos.

Según el enfoque tradicional, son síntomas de conflictos internos producidos por deseos reprimidos y miedos no expresados.  Se considera que la conducta explícita o manifiesta es un síntoma de los problemas inconscientes denominados desórdenes emocionales, muy similares a la enfermedad física, donde el problema que debe tratarse no es el síntoma (por ejemplo, fiebre), sino la enfermedad (por ejemplo, pulmonía).

El modelo de enfermedad en los desórdenes psicológicos se basa en la búsqueda constante de las causas ocultas que los originaron con el fin de obtener, de este modo, su curación.  El tratamiento psicoterapéutico se realiza como un procedimiento indiferenciado (en el sentido de que es general, en vez de particular) más bien diseñado para ayudar al niño a expresar sus temores y fantasías por medio del juego y la conversación.

Por otro lado, el enfoque conductista se fundamenta en gran parte en el principio de que la conducta desadaptada es aprendida, si bien no niega que los problemas psicológicos tienen su origen en las primeras experiencias del niño, de modo que investiga sobre la historia del aprendizaje de cada familia en particular.

La psicoterapia tradicional asienta su proceso en el modelo de enfermedad, o sea, en el concepto de una patología única subyacente (por ejemplo, un conflicto inconsciente) que se presume que produce una variedad de síntomas y manifestaciones psíquicas.

En cambio, la terapia del comportamiento se interesa fundamentalmente en determinar las relaciones funcionales entre los acontecimientos del ambiente y/o los estímulos y las respuestas del organismo.  Las conductas desadaptadas, incluso los síntomas psicóticos, no se consideran cualitativamente diferentes de aquellas que se denominan de manera arbitraria conducta normal.  En el diagnóstico de los desórdenes infantiles aún no se tiene una idea clara sobre cuál es la normal y cuál es la anormal.  El trabajo del psicólogo terapeuta consiste en decidir cuáles síntomas están presentes y cuáles no, y en aplicar los procedimientos pertinentes para obtener un diagnóstico.



Kort Rosemberg, F. (2001). Psicología del comportamiento infantil: guía para padres, maestros y terapeutas.

CONDUCTA AGRESIVA O DESOBEDIENCIA


Mediante la conducta agresiva, o sea, el dominio mediante la fuerza física y/o verbal, los individuos pueden modificar el ambiente de acuerdo con sus deseos, pueden controlar a otros individuos y ser atendidos por ellos, pueden eliminar los elementos que les impiden sentir bienestar, y pueden retirar los obstáculos para obtener determinada aspiración. Las amenazas verbales, las discusiones, los pleitos repetitivos, la destrucción de la propiedad ajena, el acto de robar y los intentos de homicidio son conductas agresivas de diferentes grados de severidad.
Rara vez un adulto muestra una conducta agresiva sin antes presentar una historia de episodios antisociales en su infancia. Aunque los factores genéticos pueden contribuir a que una persona manifieste tendencias agresivas, éstas se aprenden a muy temprana edad en el hogar, la escuela y la comunidad. Muchos autores consideran que un factor esencial en este aprendizaje son las prácticas de crianza de los padres. Los padres muy punitivos generan niños muy agresivos, al igual que los que no ponen límites en la educación de los hijos.

Kort Rosemberg, F. (2001). Psicología del comportamiento infantil: guía para padres, maestros y terapeutas.

viernes, 29 de noviembre de 2019

La condición femenina

Photo by Ayo Ogunseinde on Unsplash

Cuando las consideraciones feministas psicoanalistas o historicistas dejan de ser comprobaciones posibles de hechos para transformarse en sistemas del mundo, se convierten en adversarios espirituales de nuestro tiempo, o en refiriéndose a la mujer concreta, que se realiza en las relaciones sociales, la encastran en una situación y aniquilan lo femenino como esencia porque crean una alienación subsidiaria y peculiar dentro del cuadro de la alienación general del hombre.

La mujer “tota in útero” de la clínica del siglo pasado y comienzos de éste, la mujer ‘'macho castrado” del psicoanálisis, la sin naturaleza específica del historicismo culturalista, son abstracciones producto de una ideología cerrada sobre sí misma.

Contra esta cosmovisión la mujer sólo puede preservar su identidad por la valorización de lo femenino, actividad que se cumple en todo humano — valorización de lo masculino para el hombre— por medio del trabajo, y que se clarifica con la toma de conciencia del papel de la clase en las relaciones sociales, del individuo en su clase y en las relaciones sociales.

A la inversa de lo acaecido hasta ahora, que las teorías de la ideología determinan papel, funciones y alcances de la feminidad, e imponen esquemas abstractos que suplantan la realidad, los hombres deben clarificar, expresar y sistematizar los valores del individuo: femenino o masculino, y destacar su situación complementaria — sin oposición de base— en el concierto de la humanidad.

Cuando el feminismo se pervierte en doctrina totalitaria y se convierte en la otra cara del machismo — perversión totalitaria de la masculinidad-—-, se produce el fenómeno extraño de oposición frontal de dos fuerzas cuyo significado real y esencial es de oposición dialéctica que se traduce en la práctica por complementariedad.


Merani, A. L. (1977). La condición femenina. Editorial Grijalbo.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Cultura



Photo by davide ragusa on Unsplash
La cultura podemos definirla como aquello que queda en el hombre después de haber reelaborado por medio de la razón, todo aquello que recibió como instrucción y  lo  proveyeran  de una mente lúcida, de un espíritu sano, porque no se atiende a autoridades,  no  obedece  a  poderes ajenos,  y  es  producto de una experiencia personal convertida en visión propia del mundo, de los  seres  y  de  las  cosas  que lo pueblan.

La cultura, es organización, disciplina del propio ser, es plena conciencia de  la  propia  personalidad,  es  conquista  de  un  razón  y  de una conciencia superiores. Es  el  camino  por  el  cual  se  llega  a comprender  el  propio valor histórico, el propio significado como hombre, la propia función en la vida, los propios derechos y los propios deberes con la humanidad.

La cultura, tal como la definimos, tal como la elaboró un largo y   arduo   proceso  histórico,  desemboca  inevitablemente  en  la libertad, porque el hombre que construye su visión del  mundo,  de las  cosas  y  de  los otros hombres, realiza un acto que lleva el sello de su persona, de no pertenecer a nadie más que a sí mismo. Con otras palabras, el hombre que conoce la necesidad de sus acciones se librera de sus imposiciones y procura la libertad.         

Merani, A.L.  (1983) Carta abierta a los consumidores de cultura. Ed. Grijalbo, Barcelona, España.

jueves, 10 de octubre de 2019

Algunas causas de abandono escolar en estudiantes de educación media superior.



Se define deserción como el abandono de las actividades escolares antes de terminar algún grado o nivel educativo (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2004).

La CEPAL (2003) reporta que, en promedio, cerca de 37% de los adolescentes latinoamericanos que tienen entre 15 y 19 años de edad, abandona la escuela a lo largo del ciclo escolar.

Asimismo, se afirma que la mayor parte de la deserción se produce una vez completada la secundaria y frecuentemente, durante el transcurso del primer año de la enseñanza media superior.

En México la eficiencia terminal en bachillerato es insatisfactoria, ya que solo la mitad lo termina: en bachillerato, 57% y en tecnológico, 45% (SEP, 2004)

Algunos estudios asocian el problema de la deserción con diferentes factores:

1) Económicos, que incluyen tanto la falta de recursos en el hogar para enfrentar los gastos que demanda la asistencia a la escuela, como la necesidad de trabajar o buscar empleo.

2) Problemas relacionados con la oferta o ausencia de establecimientos destinados a impartir educación de este nivel, lo que se relaciona con la disponibilidad de planteles, accesibilidad y escasez de maestros.

3) Problemas familiares, mayormente mencionados por niñas y adolescentes, relacionados con la realización de quehaceres del hogar, el embarazo y la maternidad.

4) Falta de interés de los y las jóvenes, lo que incluye también el desinterés de los padres para que continúen con sus estudios.

5) Problemas de desempeño escolar, como el bajo rendimiento, la mala conducta y problemas asociados a la edad (Merino, 1993; Piña, 1997; Espíndola y León, 2002; Orozco, 2004).

En México, el incremento de la deserción en nivel medio superior, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), está asociado a un bajo presupuesto para la educación, sumado al bajo ingreso percibido por sus habitantes.

La OCDE llegó a esta conclusión después de aplicar el Programa Internacional para la Evaluación del Estudiante (PISA), en donde México obtuvo el penúltimo lugar en aprovechamiento en Español y Matemáticas.

En el documento se indica, además, que tanto estudiantes como escuelas tienen un desempeño mejor cuando el clima escolar se caracteriza por altas expectativas apoyadas en relaciones cercanas entre maestros y alumnos (OCDE, 2004).


Tomado de: Abril Valdez, E., Román Pérez, R., Rodríguez, C., José, M., & Moreno Celaya, I. (2008). ¿ Deserción o autoexclusión? Un análisis de las causas de abandono escolar en estudiantes de educación media superior en Sonora, México. Revista electrónica de investigación educativa10(1), 1-16.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Psicología cognitiva moda, mito e ideología.

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En los últimos años se asiste a una avalancha de psicología cognitiva. Gran cantidad de producciones psicológicas llevan la etiqueta cognitiva, así como sus productores. Datos clásicos se releen cognitivamente y los psicólogos bautizados en otros dominios se reconvierten. Incluso, quienes nunca vieron clara la innovación cognitiva también asienten y terminan convencidos. Todo parece ser (necesariamente) cognitivo. Quizá, la etiqueta "cognitivo/a" invada la psicología en la misma proporción que en las líneas anteriores.
Una cuestión central en este panorama es la decadencia del conductismo. Se asume que la insuficiencia y el consiguiente fracaso conductivista liberaron nuevos aires para una psicología más cabal y adecuada a la condición humana. Esta innovación se puede concretar en tres puntos (entre otros), generalmente aceptados.

Pues bien, se va a sostener que este planteamiento está equivocado y que mantener la posición cognitiva en los términos con que convencionalmente se presenta es una ingenuidad, con "toques" de moda, mito e ideología. El escrito siguiente desarrolla estos puntos, que se han de entender como un conjunto de reflexiones colaterales que han surgido al hilo de trabajos más amplios y técnicos, donde se encuentran parte de las argumentaciones y referencias que se echarán de menos aquí