Google+ SERVICIO DE TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL

martes, 7 de octubre de 2014

Introspección

* Hablar de introspección implica dos cosas, hablar de mente por un lado, y hablar de conciencia por el otro. El concepto de conciencia implica que además de lamente debe haber algo que vigila la mente que puede dar cuenta de las formas en que ella funciona, involucrando de tal manera no solamente un dualismo epistemológico sino un conjunto de términos que en su misma definición son metafísicos.



La introspección como metodología de investigación estructuralista que «revela la información acerca del mundo mental», no solamente posee cuestionamientos de orden epistemológico en el sentido en que presupone un dualismo sino que los hechos a los que hace referencia la introspección en relación con los eventos privados pueden ser explicados a través de las mismas reglas que la conducta abierta, especialmente involucrando factores biológicos, reforzamiento diferencial de la comunidad verbal y control discriminativo de la conducta subsiguiente (Maudsley, 1867; Moore, 1990).


Zuriff (1985) ha discutido extensivamente la introspección, a partir de tres argumentos. El primero, hace referencia a que la presunción de objetividad en la introspección es solamente una idea pues ella en sentido estricto no existe en tanto falsea su propio objeto de estudio, uno no puede <> el acto de la introspección, la segunda es que la introspección no tiene validez científica y sus conclusiones son indemostrables en tanto los introspeccionistas deben ser entrenados para que haya acuerdo en las conclusiones de la introspección, y como tal es entrenamiento diferencial de la comunidad verbal y deja en entredicho la «naturalidad» de los resultados; y el tercero, derivado de los anteriores es que por su misma definición basada en el supuesto dé lo subjetivo como único y personal, no se podría someter a acuerdo íntersubjetivo pues hacerlo violaría su concepción epistemológica.


Monica María Novoa Gómez, M.A., (2004). Entendiendo «lo subjetivo» desde el análisis del comportamiento y propuestas terapéuticas.  

lunes, 29 de septiembre de 2014

Desventajas culturales: estatus económico-sociocultural de las familias y retrasos lingüísticos


Autores como Bereiter y Engelmann (1977)* demostraron las relaciones estrechas que guarda el estatus económico y sociocultural de las familias, con las habilidades desarrolladas por los alumnos y alumnas dentro y fuera de la escuela. Puede asegurarse que las habilidades sociales, lingüísticas y pre académicas que desarrollan los niños y las niñas durante los años preescolares tienen una gran influencia sobre el desarrollo de habilidades académicas en el ámbito escolar. Estos autores abrieron las puertas al estudio de las denominadas "desventajas culturales" a las que los alumnos/as de clase social baja pueden enfrentarse al ingresar a un sistema educativo "normal".

En las familias de clase socio-económica baja, los niños y niñas presentan retrasos lingüísticos que varían en grados de severidad y tales atrasos pueden explicarse a partir de la pobreza (en cantidad y tipo) de las interacciones entre padres, madres, hijos e hijas, que suele caracterizar a estas familias.

Tough (1982)* señala que los niños y niñas cuyos padres y madres tienen bajo nivel educativo:
(a) usan estructuras simples en su lenguaje;
(b) hacen peticiones directas y concretas, sin justificar sus requerimientos, y
(c) su orientación del lenguaje no propicia el uso de estructuras lingüísticas complejas.

Por su parte, los niños y niñas cuyos padres y madres tienen un nivel educativo medio y alto:
(a) usan estructuras más complejas en sus frases y oraciones cotidianas;
(b) poseen un lenguaje que se encamina a analizar y reflexionar sobre experiencias pasadas y a expresar planes e intenciones;
(c) expresan y proyectan, sentimientos propios y de otras personas, y
(d) elaboran y justifican sus requerimientos.

En estas familias hay una tendencia a leer y comentar libros, a ampliar la complejidad de su lenguaje y a realizar actividades pre académicas como parte de su vida cotidiana.

* Bereiter, C., & Engelmann, S. (1977). Enseñanza especial preescolar. Barcelona, Espana: Fontanella.

 *    Tough, J. (1982). Language, poverty and disadvantage in school. En L. Feagans, & D. Farran (Eds.) The language o f children reared in poverty: Implications fo r evaluation, (págs. 3-18). New York, NY: Academic Press.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Mediación verbal



Investigadores  como  Meichenbaum  (Meichenbaum y Goodman, 1971) y Kanfer  (Kanfer, Karoly y Newman, 1975) han demostrado  que  la  mediación verbal puede aplicarse de manera constructiva para modificar la conducta de solución de problemas y de adaptación de los niños,
 
Según  se  ha  demostrado,  las  auto afirmaciones  verbales  mejoran desempeño de  las  tareas  de  laboratorio  de  los  niños  hiperactivos impulsivos (Meichenbaum y Goodman, 1971), y esto ha conducido al uso de tales afirmaciones en diversas formas de entrenamiento  de  autocontrol (Thoreson y Mahoney, 1974).

Meichenbaum y Goodman (1971), quienes  también  utilizaron la autoinstrucción  verbal  como  un  medio  de  reducir  la  respuesta impulsiva en los niños hiperactivos con problemas en el aprendizaje.


Los resultados indicaron que aunque las verbalizaciones entre reflexivos e impulsivos no variaron en frecuencia, si hubo diferencias cualitativas, en relación al lenguaje privado que se muestra más auto regulatorio y directivo.

domingo, 3 de agosto de 2014

SENTIMIENTOS Y CONDUCTA


Deben distinguirse dos problemas generales en relación con los sentimientos y la conducta.

 El primero es el de traducir los sentimientos comunicados (u observados) del paciente en datos conductuales (quién hizo qué, cuándo, dónde, cómo, a quién, en qué circunstancias, etcétera), basándose en las informaciones del paciente.

El segundo problema relacionado es el de conceptualizar los sentimientos en términos de procesos conductuales, como una condición general aplicable a los actos humanos. Desde luego, estos son realmente dos aspectos de un problema básico, como es la función de los sentimientos en el mundo de la conducta.

Para apoyar el argumento postulado en el presente libro, en el sentido de que los sentimientos son conducta, se pueden hacer varias afirmaciones.


1. Junto con la expresión de los sentimientos del paciente están las conductas observables, que incluyen el habla, la manera de expresarse, postura, expresiones faciales, gestos, hábitos “nerviosos” como son los tics, y múltiples tipos de conducta expresiva. Sería difícil juzgar los sentimientos (en términos de estados emocionales) sin tomar en cuenta las conductas que los acompañan o de otro tipo. Debido a que los sentimientos se relacionan con estados emocionales (alegría, tristeza, etcétera), los signos fisiológicos que acompañan a estos estados emocionales son muy conocidos.

2. La misma conducta verbal del paciente identifica y atribuye las causas posibles, así como las circunstancias, a los sentimientos de los que habla. Aunque la gente no sabe con claridad por qué se siente así —en la mayor parte de los casos de conducta trastornada, por lo menos—, trata de atribuir la causalidad lo mejor que puede. Este intento inicial es valioso para el terapeuta, ya que él puede tomar el hilo causal que el paciente le revela y desenredarlo a fin de llegar a una noción más productiva acerca de la manera en que los sentimientos que expresa se ajustan a un contexto conductual. Un paciente puede decir que está deprimido. El interrogatorio revela que ha tenido un conflicto con su jefe y, a su vez, esto implica que el paciente ha sido atacado en términos de su competencia, revelando una cadena de eventos importantes para explicar los sentimientos: conflicto-jefe-deprecación-baja estimación-sentimientos negativos - escasa motivación para el trabajo - sentimientos negativos continuos, etc. En cambio, la persona que ha sido reforzada positivamente por su buen trabajo, tiende a caminar con garbo, a sonreír, a ser expansiva, y a estar dispuesta a reforzar a los demás. No se necesita un potente microscopio con aumento elevado, para demostrar la relación entre estas tendencias conductuales y los sentimientos.


Phillips, 1980.