miércoles, 2 de febrero de 2011

METILFENIDATO: HIPERTENSIÓN ARTERIAL, UN EFECTO A TENER EN CUENTA


El metilfenidato (MFD) es un psicoestimulante, más conocido por la marca comercial Ritalina, en países hispanoparlantes, Rubifen, en España, y Ritalin en otros.


El uso del Metilfenidato se ha generalizado bastante en nuestra población escolar y en los adolescentes, sin que existan antecedentes de complicaciones o aparición de efectos colaterales importantes, quizás producto de no ser tenidos en cuenta y por lo mismo no buscados. Por ello es que queremos llamar la atención relatando la experiencia con un paciente que presentó hipertensión arterial, claramente relacionada con la administración de este estimulante y que desapareció al suspenderla.

Caso clínico: Escolar de sexo masculino de 8 años de edad, con antecedente de hipertensión arterial en abuelo y bisabuelo materno. Seis meses antes se le diagnostica un Síndrome de Déficit Atencional y se inició tratamiento con Metilfenidato, siendo controlado periódicamente, pero sin registros de la presión arterial. Cuatro días antes de su hospitalización comenzó con dolor abdominal, intermitente que se acentuaba con las horas y no se acompañó de otra manifestación. Consultó en el Servicio de Urgencia, en donde encontraron presiones arteriales persistentemente elevadas, fluctuando entre 158/88 y 170/105 y pulsos entre 78 y 98 por minuto. El examen físico era normal, con pulsos amplios y simétricos y sin soplos abdominales o paravertebrales. El fondo de ojo era normal. Se solicitó evaluación cardiológica, que era normal y se descartó una hipertensión arterial secundaria.  Se suspendió el Metilfenidato, indicándose tratamiento hipotensor solamente en las primeras 24 horas, evolucionando satisfactoriamente y llegando en forma progresiva a presiones normales al cabo de la primera semana de suspendido.

Discusión: El Metilfenidato es un efectivo estimulante en el tratamiento de variados trastornos neurosiquíatricos, pero en niños es específicamente utilizado en el Síndrome de Déficit Atencional. Tiene una muy buena absorción, con un peak de concentración plasmático alrededor de las dos horas y su vida media de eliminación es de 2 a 7 horas, se metaboliza especialmente en el hígado y solamente el 1% se elimina por orina. Sus efectos adversos incluyen cansancio, trastornos de conducta, falta de apetito, ataxia (
descoordinación en el movimiento de las partes del cuerpo), vértigo, hepatotoxicidad (enfermedad hepática tóxica inducida por drogas), taquicardia e hipertensión arterial, Recientemente Klein-Schwartz,  revisó las indicaciones y los abusos del Metilfenidato, llamando la atención en cuanto al aumento notorio de su uso, tanto terapéuticamente como por abuso, intento de suicidio, sobredosis por error, etc, revisando extensamente sus complicaciones y efectos colaterales. En la época de los 70 y 80 hay publicaciones , que llaman la atención respecto a las complicaciones cardiovasculares en niños y adolescentes, fundamentalmente taquicardia e hipertensión y recientemente5 se evalúa su toxicidad en 759 adolescentes de los cuales en el 70% de los casos existía el antecedente de abuso de esta droga, encontrándose que 172 de ellos tuvieron que ser hospitalizados por complicaciones que ponían en riesgo al paciente; de éstas las más frecuentes encontradas fueron taquicardia en el 31,7%, agitación e irritabilidad en el 25,7% e hipertensión arterial en el 11,5%. La evolución en estos casos fue buena a corto y largo plazo, fundamentalmente cuando el abuso del Metilfenidato no estaba asociado a otro medicamento. Brown y Sexson revisan el efecto del Metilfenidato al cabo de dos semanas de tratamiento, en un estudio doble ciego y randomizado, sobre el sistema cardiovascular en adolescentes negros. La dosis máxima utilizada fue 0,5 mg/kg y encuentran un aumento significativo de la presión arterial tanto sistólica como diastólica, por lo que recomiendan un cuidadoso monitoreo de la presión cuando se indica este medicamento, especialmente en los pacientes de raza negra.

Lamentablemente hay pocas publicaciones al respecto y no hay estudios nacionales conocidas, por lo que no sabemos exactamente cuál es la magnitud de este problema, aunque por la experiencia anecdótica de la comunicación verbal parecería que la incidencia de la taquicardia y la hipertensión arterial es baja, pero para conocer su importancia se debe realizar trabajos prospectivos que nos muestren la verdadera incidencia de las complicaciones con el uso del Metilfenidato y de esa manera además establecer controles cuidadosos y oportunos para evitarlas.

Fuente.
Dr. Carlos Saieh A. , Rev Chil Pediatr 75 (1); 80-80, 2004.

martes, 1 de febrero de 2011

EL TDAH Y PSICOFÁRMACOS.




Es importante destacar que el camino de los psicofármacos lo inició Bradley en 1937 al observar la eficacia de la “Dextroanfetamina” en la corrección de los síntomas de hiperactividad y de desatención. A partir de entonces surgen alternativas farmacológicas frente al control internacional de las anfetaminas y la prohibición de los estimulantes hechos a partir de la coca.

Entre ellos se destaca el “metilfe-nidato” como la droga de elección para la superación de los síntomas. Se habla de una mejoría de la atención y la hiperactividad en dos de cada tres niños tratados.

Pero, como la efectividad se desvanece una vez que la droga se agota en el organismo, “se hace necesario continuar el tratamiento durante algunos años” y “la interrupción del fármaco conduce a una sorprendente recaída de uno o dos días” (adición???).También “es de esperar cierto grado de anorexia, pérdida de peso e insomnio, y el niño puede mostrar palidez y abundantes ojeras”.
Todos estos efectos “secundarios” son aceptados por la mayoría de los autores. Si pensamos no solamente los riesgos a corto y largo plazo de la medicación y consideramos que con ella estamos atacando la parte visible del “iceberg”, antes de iniciar el azaroso camino de las drogas “Psicoestimulantes” en los niños convendría tener presente las palabras del Dr. Louria Shulamit cuando afirma: “Hay muchas razones por las que una persona-un niño- no se pueda concentrar. Se necesita poco esfuerzo para descubrirlas antes de recetar una droga”.
Sin embargo hay una generalización abusiva del diagnóstico de distracción y/o de hiperquinesia con el consiguiente suministro de medicación, llegando al extremo -por parte de algunos profesionales- de indicar su uso "a modo preventivo", "por si el niño/a llega a tornarse distraído...".

Ya en 1975, los autores Peter Schrag y Diane Divoky en su libro “El mito del niño hiperactivo” hicieron una advertencia respecto a que “se está creando una generación para que desconfíe de sus propias necesidades, para que considere que son una enfermedad los puntos en que se desvía de los estándares cada vez más estrechos de las normas aprobadas y para que confíen en las instituciones del estado y en la tecnología que definan y den forma a la salud”.
Así es que la década de 1990 fue testigo de un alarmante incremento en el número de niños a quienes se diagnosticó y medicó con estimulantes y antidepresivos.
Observemos cómo se presenta la población internacional:

En Francia, se determinó que el número de niños que entraba a la escuela y que ya estaba tomando drogas psicotrópicas llegó hasta un 60%.

En Alemania, de 1995 a 1999, el número de píldoras de metilfenidato que se prescribían tuvo un incremento del 400%.

En Estados Unidos, en los doce meses anteriores a junio del 2001, se prescribieron 20.6 millones de recetas.

Ahora bien, ¿Cómo cursa la enfermedad? Se nos dice que a estos niños desde pequeños se los observa inquietos...pero no todos los inquietos y movedizos se convierten en ADHD, y además hay quienes 'padecen ADD', es decir, déficit de atención pero sin hiperactividad, y entonces no son inquietos ni movedizos...Punto.

Entonces, ¿Cuál es el parámetro de "actividad" para designar hiperactivo a un niño? Si lo que la escuela demanda normalmente es hipoactividad, toda actividad será considerada hiperactividad.
La telemática, con la mudanza que ha introducido en los modos de representación de tiempo y espacio ¿no estará proponiendo otro tipo de atención, diferente?.
Los niños y adolescentes de hoy, que no consiguen ‘prestar atención’, ¿no estarán sufriendo por exceso y no por falta (de unidireccionalidad de la atención)?

Atender, ¿es concentrarse? ¿En quién o en qué? ¿En sí mismo, en el objeto de conocimiento o en el docente?
Probablemente hoy se requiera de una descentración, de una atención a distintos tipos de estímulos en forma simultánea, de una atención no unidireccional.

El poder médico hegemónico tiene la tendencia a formular como patologías medicables los indicadores de inquietud. Por el contrario nosotros precisamos leerlos como señales de alarma que los niños son los primeros en emitir y que deben ser decodificados como preguntas.

Insistimos, ¿cuales son los parámetros para medir la “actividad y desde allí considerar la “hiper” y la “hipo” actividad?. Un niño puede estar inquieto por múltiples motivos y la mayoría de las veces, la inquietud o la hiperactividad de un niño puede estar indicando: una inteligencia despierta, activa, cuestionadora y falta de respuesta a la misma en el medio familiar y/o escolar; o un llamado indirecto de atención en relación a diferentes problemas de orden psicológico o psicopedagógico, que deberían ser escuchados cuidadosamente.

Si uno no tiene una evaluación un poco más completa de cuál es toda la situación que puede haber llevado a un niño a tener un déficit de atención, puede hacer un tratamiento sintomático y no ir a tratar de resolver las causas del problema.

En relación al tratamiento farmacológico consideramos  que es  por el análisis de las conductas como podemos entender y orientar las conductas, que bajo ciertas condiciones contextuales, son consideradas como excesivas o deficitarias.

Es más sencillo proponer una medicación que hacer una serie de cambios en la familia o el entorno o en la relación con el niño; inclusive por la poca tolerancia que tienen las instituciones con los chicos inquietos...la idea es que tiene que hacer algo el médico para que el chico no moleste en la escuela.
Fuente:

 “El Niño enfrascado”

Autores:
Bournissen, Delia Paulina
Domínguez, Sonia
Dozo, Amelia
Nucci, Susana
CORDOBA, 23 Agosto del 2004