Estas son algunas técnicas que suelen ser útiles en el manejo de la conducta "hiperectiva"
jueves, 1 de diciembre de 2011
Consistencia
Muchos padres y profesores a menudo cambian de una estrategia a otra, sin ser consistentes con una sola. Esta inconsistencia sólo sirve para incrementar la posibilidad de que la conducta negativa vuelva a aparecer. Por ejemplo, si el niño hace berrinches y usted decide ignorarlo “sea consistente” y no ceda. Si otras personas se le quedan viendo, sea consistente y no ceda sólo por evitar que en ese momento el niño se calme. Si es usted consistente en la manera en que reacciona al comportamiento del niño, él finalmente entenderá cuáles son los limites y lo que en el futuro puede esperar si se comporta inapropiadamente.
¿Qué es la Consistencia?
“Consistencia”, aquí significa la absoluta predictibilidad de la conducta de los adultos. Para el niño eso significa “Siempre que no lave los platos antes de irme a dormir, mamá me sacará de la cama para que lo haga”. Para el padre esto significa, “Cada vez que María le pegue a su hermano menor, yo los separaré”.
¿Por qué es importante la consistencia?
El hombre tiene ciertas necesidades básicas, protección, alimento, etc. Pero tiene otras necesidades que no son discutidas muy a menudo la necesidad de seguridad. El mundo que nos rodea está lleno de peligro, y el cuerpo permanece constantemente listo para reaccionar ante cualquier amenaza. El corazón se acelera, las pupilas se dilatan. Esta es una situación incómoda: En casos extremos, esto contribuye al asma, pesadillas, ronchas, berrinches. Podemos aliviar el malestar de estar “constantemente alertas” para defendernos, prediciendo que pasará posteriormente. Si nuestras predicciones se realizan, nos sentimos seguros. Si no se realizan, es molesto y nos enojamos. Si no podemos hacer ninguna predicción exitosa del todo, estamos en un constante estado de confusión.
Para el niño, los adultos que tienen autoridad sobre él son la principal fuente de amonestación, así como también son la principal fuente de comodidad y nutrición. Si la mayoría de su conducta es consistente y predecible, él se siente seguro. El niño no necesita emplear toda su energía tratando de imaginar lo que posteriormente harán los adultos.
Si sus padres son impredecibles, se sentirá ansioso crónicamente. Cada vez que el padre estipula una regla (“Llegar a la casa a las 5”), él debe probarla: cada vez que el padre no fortalece la regla, la ansiedad del niño crece: Con el tiempo, puede convertirse en un maestro manipulando a sus padres, generalmente haciendo cosas que a ellos les desagradan.
¿Cuál es el resultado de la inconsistencia?
Cuando ocurre un cambio en el medio ambiente del niño, todo su mundo se vuelve impredecible. Ocurrirá una respuesta emocional ante esta impredictibilidad. En los niños está respuesta adquiere la forma de berrinches, o a veces, de enfermedades. Los niños mayores y los adultos experimentan sentimientos de ira, frustración y miedo, o algunas veces, enfermedades.
Cuando la vida de un niño no tiene puntos importantes de consistencia, sus predicciones son constantemente inefectivas. A menudo Experimenta berrinches o enfermedades. Supongamos que un adulto introduce una nueva e importante consistencia dentro del ambiente: Este es un cambio crucial en la vida del niño, y se acompañara de los inevitables berrinches sin embargo, tan pronto como el pueda pronosticar “la nueva forma”, los berrinches disminuirán.
Los berrinches son, entonces, un síntoma de alguna experiencia no lograda completamente, una predicción que no se lleva a cabo. Muchos berrinches podrían ser evitados mediante la adhesión a las rutinas establecidas. Y cuando las rutinas deben ser cambiadas, los adultos pueden anticipar la reacción del niño y pasarla desapercibida.
Los berrinches son probablemente algo más que un síntoma de una experiencia no realizada. Sirven para debilitar una predicción irreal (Es irreal, ya que el resultado esperado no ocurrió). El conocimiento de que son inevitables, necesarios y predictibles, hacen más tolerables los berrinches.
El déficit en los límites
La tendencia a hacer responsables a los niños de su propia educación. Y esto es lo que hacemos cuando intentamos:
- que todo lo haga comprendiendo racionalmente el por qué.
- que acepte gustoso cualquier límites.
- que sepa certeramente todo lo que le viene bien y lo que le perjudica.
- que sepa decidir por sí mismo.
- que sepa cuando abrir las puertas para ir a jugar.
En la evolución social venimos de reglas educativas en las que los chicos vivían sometidos al arbitrio incontrolado de sus padres, para luego extenderse a los de cualquier mayor. Bases sociales en que la "autoridad" es omnipotente y no se puede eludir de ninguna forma.
Al pasar a una educación que contempla al niño como persona individual, con necesidades y decisiones propias, con derecho a la explicación y comprensión etc., se diluye la autoridad. Y es que, como etapa nueva, caemos en el polo contrapuesto de la anterior.
Si bien este es el costo necesario en todo proceso de cambio de situaciones polares ya podemos ir pensando en poner estas cosas en términos más adecuados para la educación de nuestro hijos.
Los intentos antes mencionados son inútiles ya que por propia maduración evolutiva los chicos no tienen tales capacidades. Hasta pasada la adolescencia carecen del desarrollo intelectual abstracto, del afectivo de autonomía, del social de pertenencia - independencia como para hacer los discernimientos que intentamos que haga.
Y los costos de esta utopía pueden ser por lo menos.
- La falta de soporte como para asegurarse de la protección y guía que necesitan, por lo tanto inseguridades y temores serían aquí las consecuencias más leves.
- La vía libre para la ley infantil del menor esfuerzo posible: formación en la vagancia, falta de voluntad, desánimo ante los inevitables fracasos.
- Afianzarles las fantasías de omnipotencia, en las que entonces seguirá siempre con el consecuente polo contrapuesto de impotencia.
- Darle posibilidad de manejo desmedido del otro, y que chico no aprovecha esto?, con lo cual la inadaptación social es inevitable.
Teniendo en cuenta:
Ni más ni menos que el niño es niño.
Que por ser, nosotros, los padres, responsables de su salud física, mental y social debemos hacernos cargo de ejercer una dirección programada, racional, cuidadosa y hábil.
Y solo, con solo esto, tenemos la obligación de ejercer la responsabilidad de la autoridad; para lo cual no se necesita ni mas explicación, ni demostración, ni justificación. Simplemente ejercerla como responsabilidad, ya que de ellos somos los padres, por exclusiva decisión nuestra.
En esto hay que tener muy en cuenta de no caer en un tipo de autoridad sobre bases falsas, (hay distintos tipos de autoridades sobre bases falsas, es un tema de otro capítulo). La autoridad y la obediencia erigidas como fines en sí mismas es una de ellas. Y hay que tener muy en claro que la educación con la finalidad de hacer hombres obedientes forma a débiles.
La finalidad de la autoridad parental es una educación correcta, y esta se da respetando la libertad, autonomía, autoabastecimiento, autocuidado, relacionamiento social.
Si bien el conjugar todo esto parece tarea difícil no lo es tanto si simplificamos con toda nuestra capacidad adulta las cosas. Una buena ayuda es tener presente siempre esta trilogía parental necesaria para la educación infantil.
. IDEAS CLARAS
. LIMITES PRECISOS
. ACUERDOS MUTUOS
En esto hay que tener muy en cuenta de no caer en un tipo de autoridad sobre bases falsas, (hay distintos tipos de autoridades sobre bases falsas, es un tema de otro capítulo). La autoridad y la obediencia erigidas como fines en sí mismas es una de ellas. Y hay que tener muy en claro que la educación con la finalidad de hacer hombres obedientes forma a débiles.
La finalidad de la autoridad parental es una educación correcta, y esta se da respetando la libertad, autonomía, autoabastecimiento, autocuidado, relacionamiento social.
Si bien el conjugar todo esto parece tarea difícil no lo es tanto si simplificamos con toda nuestra capacidad adulta las cosas. Una buena ayuda es tener presente siempre esta trilogía parental necesaria para la educación infantil.
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