jueves, 16 de mayo de 2013

IMPLICACIONES CLÍNICAS DE LA RELACIÓN ENTRE LA CONDUCTA OPERANTE VERBAL Y NO VERBAL


Para Lovaas (1964), las formulaciones conceptuales diseñadas para cubrir hallazgos empíricos anteriores sobre la relación entre conducta verbal y no verbal se han concentrado en las propiedades de la indicación generadas por la respuesta verbal. Todas las hipótesis mediacionales dan por sentado que las propiedades de indicación de la respuesta verbal (hipotética) proporcionan el «nexo de conexión» con las conductas no verbales. La respuesta verbal, al asociarse con una entrada de estímulo existente, altera esta entrada por los nuevos estímulos que esta respuesta genera. Al entrenar diferentes clases de respuestas verbales para la misma situación de estímulo original, pueden observarse cambios en la conducta de generalización-discriminación de la persona.

En la vida diaria las dos conductas se dan juntas de tal forma que sugieren un número de interacciones más allá de las postuladas para la discriminación y generalización adquiridas. Puede ser interesante examinar dos de estas interacciones en relación a la psicología clínica.


Una concepción de interacción verbal - no verbal atribuye a la conducta verbal una influencia «directora» sobre la conducta no verbal. Esta formulación presupone que en la historia de la persona ciertas conductas verbales y no verbales se han dado juntas de una manera tal que la respuesta verbal se convierte en un estímulo discriminante para la respuesta no verbal. Hay numerosas contingencias históricas que pueden originar tal control. Los padres se esfuerzan considerablemente por ganar un control verbal sobre la conducta de sus hijos.  Entonces, cuando el niño mismo emite estas conductas verbales, las propiedades de estímulo de estas respuestas, por generalización con las respuestas de los padres, regulan su conducta concurrente o subsiguiente.

Con frecuencia se puede observar a los niños dando ellos mismos instrucciones que imitan la verbalización de sus padres. También es probable que el niño obtenga reforzamiento «al hacer lo que; está diciendo» más que por comportarse de una manera opuesta o no realizar ninguna acción. La adquisición de «significados» o «entendimientos» del lenguaje está probablemente basada en experiencias similares de reforzamiento.

Es probable también que las condiciones suficientes para el control verbal puedan estar basadas en contingencias situadas en la persona misma. Parece probable que el comportamiento no verbal que ha sido precedido del propio comportamiento verbal de la persona (o a partir de algún facsímil hipotético, tal como el «lenguaje implícito» o «pensamiento») en la forma de planificar, poner en escena, etc. es más probable que conduzca al reforzamiento que si éste no fuera el caso.

A causa de tales experiencias se obtendría algún control sobre la conducta no verbal de una persona manipulando su conducta verbal. Obviamente el control variaría de una persona a otra y dependería de su historia específica con respecto a estas interacciones. La personalidad psicópata es probablemente en la que se observa un control verbal más pequeño. Las observaciones clínicas sobre el «aislamiento» se refieren, en parte, al fracaso del lenguaje para conseguir obtener la conducta no verbal (demandada en primer lugar). Es más común, sin embargo, observar un «fallo» de discriminación en la otra dirección.

La persona teme emitir la conducta no verbal si fuera a hablar de ello. Se hace particularmente notable un excesivo control del comportamiento verbal sobre el no verbal con respecto a ciertos estados esquizofrénicos o psicóticos. Muchas de estas personas llevarán a cabo conversaciones elaboradas en ausencia de una audiencia social (física), es decir, su conducta verbal no está bajo control social. Al mismo tiempo se ajustarán a una conducta interpersonal no-verbal, tal como gestos, muecas y ataques (agresiones). Ocasionalmente pueden ser observadas conductas semejantes en niños.

A veces tales comportamientos son observados en adultos normales, por ejemplo, cuando gesticulan, sonríen, asienten, etc., mientras están ocupados en una conversación telefónica y cuando «hablan consigo mismos». Ejemplos de tales comportamientos son considerados como «olvidos» normales, mientras que en niños y en personas enfermas son utilizados como descripciones de «magia de la palabra», y se pueden emplear algunos ejemplos como indicadores de «actividad alucinatoria» inferida, es decir, «alucinaciones visuales». No es demasiado difícil conceptuar tal excesivo control en niños; se podría argumentar que ellos no han adquirido completamente la discriminación de las situaciones en las que es apropiado comprometerse en conductas interpersonales.

En caso de psicosis probablemente se enfrente uno con la pérdida de una discriminación adquirida, quizá sobre la base de la conducta demandada inhibida o un fracaso de la sociedad para reforzar continuamente la conducta social apropiada. En cualquier caso, parece prematuro postular «las alucinaciones visuales» como la variable independiente de esta conducta, sin explorar primero las hipótesis más probables de control verbal.

La segunda clase de interacción verbal-no verbal, que es particularmente relevante para la psicología clínica, trata de los estímulos reforzadores que las dos conductas tienen en común. Los reforzadores comunes pueden ser primarios así como secundarios (p. ej., reducción de tensión y otras formas de auto estímulo). Con frecuencia parece que la conducta verbal en la vida diaria logra consecuencias similares a las de la conducta no verbal. Ambas conductas pueden conseguir la eliminación, o posesión, de otra persona. Los valores ético cristianos (por ej., el sexto mandamiento) y otras variables culturales contribuyen a la comunidad de las consecuencias. Hasta el punto de que dos sistemas de respuestas tienen estímulos de reforzamiento en común, sería poco probable que una operación sobre un sistema no cambiara también las características de respuesta en el otro sistema.

En las respuestas no verbales podrían presentarse un aumento y un descenso dependiendo de las operaciones sobre la respuesta verbal. Por ejemplo, se podría presentar una «sensibilización» para un reforzador presentándolo brevemente al modo verbal de respuesta. Esta sensibilización traería consigo un aumento posterior de las respuestas no verbales para ese reforzador. También sería posible «saciar» el organismo en el reforzador común presentándolo ampliamente para el modo de respuesta, en el que uno observaría una disminución posterior en las respuestas para este reforzador mediante otro modo de respuestas.

En tanto que las dos conductas tienen estímulos reforzadores en común, sería posible para la conducta verbal reemplazar la conducta no verbal mediante la extinción de la última, si el reforzador que mantenía la respuesta no verbal fuera consumado por la conducta verbal. Quizá la «inactividad» no-verbal del obseso sea un ejemplo de tal estado de cosas. Parece que el soñar despierto «la culminación de los deseos» puede ser una conducta fortalecida y mantenida por un reforzador secundario potente, derivado de los sucesos sociales, principalmente. La obtención de la conducta demandada apropiada al acontecimiento social, independientemente de la potencia de entrada físico-social, ilustra la noción. El soñar despierto «la culminación de los deseos» podría entonces reemplazar el comportamiento interpersonal no verbal si fuera capaz de un estado constante de saciedad para el reforzador común.

La posibilidad de reducir la conducta no verbal mediante expresión frecuente e intensiva de la conducta verbal había sido reconocida desde hace tiempo en psicología clínica.